Apuntes sobre el 3CICTE

Eran la caléndula, la turmalina y el ópalo propios del mes de octubre,
que habiendo sido ocho hoy es diez.
De fitología
Anónimo del siglo XVII

El último fin de semana de octubre se celebró el III Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español (a.k.a. 3CICTE), organizado por La Unión de Correctores (UniCo). Con la 23.ª edición del Diccionario de la Real Academia recién estrenada, los profesionales de la corrección nos reunimos en la Casa del Lector de Madrid durante tres jornadas en las que destacó el carácter panhispánico y multidisciplinar de la profesión, a la vez que se discutía sobre las nuevas realidades del corrector profesional en el mercado. El plato fuerte del congreso, para muchos de sus asistentes, fue «El modelo de corrección en Hispanoamérica». En esta mesa redonda se revisaron los recursos, los problemas y las necesidades de los compañeros en Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, Venezuela o Estados Unidos. La lengua española se desencorseta de la rígida estandarización peninsular en la que se veía envuelta hasta ahora. Y una, personalmente, se alegra.

Dentro del amplio abanico de temas tratados en el 3CICTE y abogando por ir un paso más allá del presupuesto sector editorial en el que se circunscribe al corrector, comprobamos cómo los tentáculos de la lengua se van colando en las más diversas esferas del mundo laboral. Así, aportaron un punto de vista poliédrico Jorge Sierra (presidente de Wikimedia España), los compañeros de Molino de Ideas y sus numerosas herramientas lingüísticas, donde aúnan tecnología y lenguaje, o Irazusta&Com, quien identificó al asesor lingüístico como personal shopper de la palabra. Pero no quedó ahí la cosa. Esta nueva etiqueta da dolor de cabeza a más de un compañero de faena. ¿Es el asesor lingüístico una evolución digital del corrector tradicional? ¿Se deja atrás el concepto artesanal del oficio? No se trata ya de si uno u otro marbete, sino, más bien, de la naturaleza que motiva cada una de estas dos realidades profesionales. Sin duda, este replanteamiento fue uno de los grandes temas a debate durante el congreso. Como también lo fue la necesidad de una certificación profesional, cuestión de la que se habló en la ponencia de Pilar Comín o en la videoconferencia de Nuria Gómez Belart.

Mientras tanto, en la mesa redonda entre Martine Prosper (Sindicat National Livre-Édition CFDT), Sabine Citron (Society for Editors and Proofreaders – SfEP) y Kristina Solum se pusieron sobre el tapete las diferentes realidades de los correctores europeos, a la vez que se subrayaba la necesaria unión entre profesionales de la corrección en español y en otras lenguas. El carácter comparativo de «La profesión entre vecinos» o «Apuntes sobre la corrección de textos en euskera» fue totalmente enriquecedor. Nos definimos por afinidad y por contraste, y nunca sabemos los caminos de ida y vuelta que tienen las lenguas hasta que trabajamos, codo con codo, con compañeros de otros ámbitos lingüísticos o laborales.

Por su parte, Paul Beverley y sus macros, Concepción Polo (de Stilus) o Javier Bezos aportaron herramientas digitales y 3.0 para el desarrollo de un oficio cada vez más enfocado a la corrección de documentos en pantalla. Como broche de oro, una vez más, contamos con los consejos de Xosé Castro.

Pero, tras este resumen tan aglutinante, me van a permitir ponerles los dientes largos. Hablaré ahora de las bambalinas —o el backstage para los amantes de la cursiva—. Como pequeñas sombras juguetonas, cubría la retaguardia un ejército de voluntarios guiados por Puck, quienes cuidaban de que el hervidero de correctores (en su mayoría autónomos y, por ende, trabajadores solitarios) no se saliera de madre. Cual armadillos organizados mediante una perfecta escaleta de turnos y horarios, se desplazaban corriendo de acá para allá: acreditaciones, certificados, guardarropa, micros, agua, punto de información. Amantes del ajedrez y el tute, de la pareja Berlanga-Azcona, de la búsqueda de una adecuada banda sonora para cada momento, se rumorea que los componentes de este colectivo también trataron asuntos clave: selfie, autofoto o autorretrato (¿autorretracto?); diferentes propuestas para la actualización de dichos y refranes, como «Ser más feo que…»; la adecuación en el uso de amigovios o follamigos; la esencia filosófica postmoderna del término deleatur.

No cabe duda de que hay un antes y un después del 3CICTE. Quién nos iba a decir lo cargado que este año vendría el mes de octubre…

Andaban pisándose los talones. Apelotonados, sin espacios ni margen de error. La lluvia de letras tras las ruinas de Babel hizo necesario un anclaje hacia el orden, un diccionario que supiera de engarces atómicos: los textos salvavidas. Papiros, pergaminos, papeles; párrafos, palabras, partículas, pequeñas piezas preciosas pulcramente pulidas. Y el molino y remolino de letras se detuvo. Expresión. Sonoridad. Forma. Sentido. La lengua del tiempo las acarició tanto que cobraron vida. Pero hasta en los más pequeños naufragios hay restos perdidos. Los copistas primero; la imprenta después; hoy los enamorados de cartas silentes; mañana, quizá, pesadas máquinas y un tactactac que chapotee en el lento pasar del río del lenguaje. Pero siempre los errorbusters, con un lametazo de carboncillo rojo, dando caza a cada uno de esos pequeños cabos sueltos que aún están por atar. Rebeldes, como sin ganas de obedecer ni querer sentir la belleza del orden y lo bien escrito.
J. K. Eiffel
Beyond the expression (1957)

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4 comentarios en “Apuntes sobre el 3CICTE

  1. Muy bien resumido, Judit. A los que, debido a la tarea, nos perdimos unas cuantas intervenciones, nos ayudan tus palabras a esperar sin impaciencia los vídeos que aún están por editar. Muchas gracias.

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  2. Judit, gracias por tu trabajo. Todavía sigo comentando con compañeros que no pudieron asistir al 3CICTE sobre el gran evento que se logró y las interesantes aportaciones de todos los asistentes. Ahora mismo comparto este enlace. Saludos.

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    • Totalmente de acuerdo, Elena. Fue un evento muy completo y variopinto, que no dejó indiferente a nadie.
      Gracias por pasarte, comentar y compartir. ¡Un abrazo!

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